Quien ha caminado por la Rúa do Vilar en una mañana húmeda recuerda el perfume de almendra recién horneada escapando de los obradores. Una panadera me contó que aprendió a reconocer el punto por el sonido al desmoldar: un suspiro seco, nunca hueco. Esa mezcla de oficio y paciente observación nos inspira hoy al adaptar la cocción a la freidora de aire, buscando exactamente esa armonía entre fragilidad superficial y corazón tierno.
El emblema se dibuja al final, cuando el pastel está frío y estable. Se coloca una plantilla ligera, se espolvorea azúcar glas finísima y se retira con cuidado para que el contorno quede nítido. Es más que un adorno: invita a contar historias, agradecer el camino recorrido, brindar por la mesa compartida. Incluso al prepararla con freidora de aire, respetar este gesto conecta la cocina moderna con una emoción de siempre.
Su fórmula breve y honesta explica su prestigio: almendra molida de calidad, huevos frescos y azúcar equilibrada, con ralladura de cítrico o un toque de aguardiente según costumbre local. Esa fidelidad histórica ha sido reconocida con protección geográfica en la Unión Europea, celebrando un perfil sensorial sin harinas añadidas. Al adaptarla a la freidora, honramos esa esencia cuidando temperaturas, moldes y reposos para que su identidad no se diluya, sino que brille con claridad deliciosa.

Un molde de 18 a 20 centímetros suele funcionar muy bien en aparatos domésticos medianos, siempre que la canasta permita un margen de aire generoso. Evita moldes demasiado altos, que impiden un horneado uniforme. Si el molde es oscuro, absorbe más calor, así que considera reducir ligeramente la temperatura o vigilar antes el punto. Recuerda que un entorno desahogado facilita una corteza dorada y un centro que cuaja sin quedar seco.

Corta un círculo de papel de hornear para la base y tiras para el contorno, evitando pliegues que alteren la forma. Un velo de spray desmoldante ayuda a fijar el papel y a liberar el borde. Deja dos tiras sobresalientes a modo de asas para levantar el pastel con seguridad. Tras el reposo, pasa una espátula fina por el perímetro. Si sientes resistencia, calienta diez segundos en la freidora apagada: el desmoldado sale impecable.

No sobrecargues la canasta ni acerques el molde a la resistencia superior. Si haces varias tartas, limpia la canasta entre tandas para evitar restos azucarados que oscurecen aromas. Cada freidora varía: realiza una prueba de tiempo con una tanda pequeña en moldes individuales para reconocer el carácter de tu equipo. Anota temperatura, minuto de revisión y color obtenido. Este cuaderno de bitácora casero te ahorrará incertidumbre y te conducirá al punto perfecto repetible.
All Rights Reserved.