Si el flan luce poroso, posiblemente batiste con demasiada energía o cocinaste a temperatura alta. Mezcla con espátula y cuela la base para eliminar aire atrapado. Golpea suavemente los moldes antes de cubrir. Baja 10 °C en tu próxima tanda y extiende unos minutos el tiempo. También ayuda usar aluminio ajustado para atenuar el golpe del aire caliente. Si ya ocurrió, acompaña con crema batida suave y frutas; la jugosidad equilibrará la textura y nadie preguntará demasiado por los agujeritos.
La sobrecocción endurece proteínas y exprime humedad. Para prevenir, confía en la prueba del temblor y retira antes de que el centro esté completamente firme. Reduce 10 °C si observas dorado rápido en superficie. Añadir un 10–20% de nata a la receta suaviza el margen de error. Si ya quedó seco, sírvelo con caramelo extra tibio o una salsa de café para devolver melosidad. También puedes desmenuzarlo en vasos con bizcochos, almíbar aromático y fruta, transformándolo en un postre estilizado.
Si el núcleo está líquido, faltó calor o tiempo. Vuelve a cubrir con aluminio y regresa a la freidora a 150–160 °C por intervalos cortos, verificando el temblor. Revisa que la cesta no esté sobrecargada ni los moldes se toquen. Algunas freidoras concentran calor en un lateral; rota los recipientes a mitad de cocción. Para lotes futuros, calienta un poco la mezcla antes de verterla o utiliza moldes menos profundos. Recuerda refrigerar lo suficiente: el frío termina de asentar delicadamente.
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